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Salmo 8

¡Señor, Dios nuestro,  qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.   Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él?   Lo hiciste poco inferior a los ángeles,  lo coronaste de gloria y dignidad;   le diste el mando sobre las obras de tus manos.  Todo lo sometiste bajo sus pies.   Rebaños de ovejas y toros,  y hasta las bestias del campo,  las aves del cielo, los peces del mar que trazan sendas por el mar.   ¡Señor, Dios nuestro,  qué admirable es tu nombre en toda la tierra!   Es uno de los pocos salmos que cantamos, casi al completo, en nuestras celebraciones. Con música alegre, rebosando admiración y gratitud , estos versos son una alabanza a Dios por las maravillas de la creación. El salmo 8 nos lleva al primer capítulo del Génesis , que descr...

Salmo 7

Lamentación de David a causa de Cus, el benjaminita Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame. Que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio. Señor, Dios mío: si soy culpable, si hay crímenes en mis manos, si he devuelto el mal a mi amigo, si he protegido al opresor injusto, que el enemigo me persiga y alcance, que me pisotee vivo por tierra, aplastando mi honor contra el polvo. Levántate, Señor, con tu ira, álzate contra el furor de mis adversarios; acude, Dios mío, a defenderme en el juicio que has convocado. El Señor es juez de los pueblos. Júzgame, Señor, según tu justicia, según la inocencia que hay en mí. Cese la maldad de los culpables, apoya tú al inocente, tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo. Yo daré gracias al Señor por su justicia, tañendo para el nombre del Señor altísimo.   De nuevo encontramos en estos versos al rey David, perseguido por alguien que desea su ruina. Me p...

Salmo 6

De David. Plegaria en la tribulación Señor, no me corrijas en tu cólera, no me castigues con tu furor. Piedad, Señor, que desfallezco, cura, Yahvé, mis huesos sin fuerza. Me encuentro del todo abatido. Y tú, Señor, ¿hasta cuándo? Vuélvete, Señor, Libera mi alma, sálvame por tu misericordia. Porque en el reino de la muerte nadie te invoca, y en el abismo, ¿quién te alabará? Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, riego de lágrimas mi cama; mis ojos se consumen irritados. ¡Apartaos de mí los malvados! Que el Señor ha escuchado mi llanto; el Señor ha escuchado mi súplica; el Señor acepta mi oración. ¡Que la vergüenza abrume a mis enemigos, que huyan de inmediato, cubiertos de vergüenza!   De nuevo tenemos a David, atribulado y acosado por sus enemigos. Este rey vivió una vida muy azarosa, pero, como vemos, jamás se olvidó de su Señor. Podemos recitar, despacio, las vehementes frases de este salmo. Podemos hacerlas nuestras, ¡tantas v...

Salmo 5

Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, haz caso de mis gritos de auxilio, Rey mío y Dios mío. ¡A ti te suplico, Señor! Por la mañana escuchas mi voz,  por la mañana expongo mi causa y quedo a la espera. Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni es tu huésped el malvado;  no resiste el arrogante tu presencia. Detestas a los malhechores, acabas con los mentirosos; al hombre sanguinario y al traicionero los aborrece el Señor. Pero yo, por tu gran bondad, me atrevo a entrar en tu Casa,  a postrarme en tu santo Templo, lleno de respeto hacia ti. Guíame, Señor, con tu justicia, responde a mis adversarios,  allana el camino a mi paso. Castígalos, oh Dios, haz que fracasen sus planes; Expúlsalos por sus muchos crímenes, porque se han rebelado contra ti. Que se alegren los que se acogen a ti, con júbilo eterno; Protégelos, que se llenen de gozo los que aman tu nombre. Tú bendices al inocente, Señor, y como un escudo lo rodea tu favor....

Salmo 4

Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor. Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío; tú que en el aprieto me diste anchura, ten piedad de mí y escucha mi oración. Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha, si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?» En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.   Este salmo es una preciosa oración para abrir el espíritu y dejar que la paz, la paz de Dios , la única que es auténtica, nos vaya invadiendo, poco a poco, y calme nuestras tormentas interiores. El salmo habla de sentimientos y situaciones muy humanas: ese aprieto que atenaza nuestro corazón cuando estamos en dificultades o sufrimos carencias; esa falta de luz cuando parece que Dios está ausente y el mundo se nos cae encima. Los problemas nos abruman y podemos tener la sensación, muy a menudo, de que vivimos abandonados y aplastados bajo un peso enorme. Dios da anchura, Dios alivia, Dios arroj...

Salmo 3

Salmo de David cuando huía de su hijo Absalón Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí;   cuántos dicen de mí: «Ya no lo protege Dios». Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza.   Si grito invocando al Señor, él me escucha desde su monte santo. Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene.   No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor.   Levántate, Señor; sálvame, Dios mío:  tú golpeaste a mis enemigos en la mejilla, rompiste los dientes de los malvados.   De ti, Señor, viene la salvación y la bendición sobre tu pueblo.   Este salmo responde a un momento dramático de la vida del rey David. Su hijo Absalón se ha rebelado contra él, ha sublevado a una parte del pueblo y ha ocupado el trono. David, con una tropa de fieles, hostigado por sus enemigos, se ve obligado a huir de Jerusalén y busca refugio en Galaad. En esta angustiosa huida , podemo...

Salmo 2

Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy . ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean un fracaso? Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías: «Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo». El que habita en el cielo sonríe, el Señor se burla de ellos. Luego les habla con ira, los espanta con su cólera: «Yo mismo he establecido a mi Rey en Sion, mi monte santo».  Voy a proclamar el decreto del Señor: «Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy.  Pídemelo: te daré en herencia las naciones; en posesión, los confines de la tierra: los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza». Ahora, reyes, sed sensatos: escarmentad, los que regís la tierra.  Servid al Señor con temor, rendidle homenaje temblando; aprended la enseñanza, no sea que se irrite y vayáis a la ruina, porque se inflama de pronto su ira.  ¡Dichosos los que se refugian en él!   Este salmo es poco leído y aún menos con...