Ir al contenido principal

Entradas

Salmo 135 (134)

  1 ¡Aleluya! Alabad el nombre del Señor, alabadlo, siervos del Señor,  2 que estáis en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios.  3 Alabad al Señor porque es bueno, tañed para su nombre, que es amable.  4 Porque el Señor se escogió a Jacob, | a Israel en posesión suya.  5 Yo sé que el Señor es grande, nuestro Dios más que todos los dioses.  6 El Señor todo lo que quiere lo hace: en el cielo y en la tierra, en los mares y en los océanos.  7 Hace subir las nubes desde el horizonte, con los relámpagos desata la lluvia, suelta los vientos de sus silos.  8 Él hirió a los primogénitos de Egipto, desde los hombres hasta los animales.  9 Envió signos y prodigios —en medio de ti, Egipto— contra el faraón y sus ministros.  10 Hirió de muerte a pueblos numerosos, mató a reyes poderosos:  11 a Sijón, rey de los amorreos; a Hog, rey de Basán; a todos los reyes de Canaán.  12 Y dio su tierra en heredad, en hered...

Salmo 134 (133)

1Canción de las subidas. Y ahora bendecid al Señor los siervos del Señor, los que pasáis la noche en la casa del Señor.  2 Levantad las manos hacia el santuario y bendecid al Señor.  3 El Señor te bendiga desde Sión, el que hizo cielo y tierra. . . . Otro breve salmo de peregrinación : aquí se canta la alegría de los que pasan la noche en casa del Señor. Los peregrinos que llegaban a Jerusalén desde todos los rincones del mundo pernoctaban acampados junto a la Ciudad Santa. Y muchos debían pasar la noche en vela, junto al templo. Cuando se vive la emoción de un encuentro esperado, no hay lugar para el sueño. El corazón que ama permanece en vela . Y Dios, que contempla desde lo alto la devoción de sus fieles, los bendice. Podemos trasladar este cántico a nuestros espacios de adoración ante el Santísimo. Velamos ante él, pasamos una parte de la noche en su presencia. Bendecimos al Señor porque está entre nosotros. Y él, desde su lugar santo, también nos bendice. D...

Salmo 133 (132)

1Canción de las subidas. De David . Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos.  2 Es ungüento precioso en la cabeza, que va bajando por la barba, que baja por la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento.  3 Es rocío del Hermón, que va bajando sobre el monte Sión. Porque allí manda el Señor la bendición: la vida para siempre. . . . Este breve cantar es una joya: con imágenes muy sensoriales, bellas y placenteras, nos habla del gozo de la hermandad. Todos lo sabemos, ¡qué a gusto nos encontramos entre amigos, entre hermanos, entre familiares, cuando entre nosotros reina la concordia! Qué dulce, qué grato es sentir el fuego de la amistad, el calor de un hogar, la compañía de los seres queridos. El salmo 133 nos recuerda que las experiencias más hermosas, las que dejan huella, no las vivimos solos. La convivencia nos transforma y nos renueva. La experiencia de Dios también se vive en comunidad. El ungüento que baja desde la cabeza hasta la ...

Salmo 132 (131)

1Canción de las subidas . Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes:  2 cómo juró al Señor e hizo voto al Fuerte de Jacob:  3 «No entraré bajo el techo de mi casa, no subiré al lecho de mi descanso,  4 no daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados,  5 hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob».  6 Oímos que estaba en Efratá, la encontramos en el Soto de Jaar:  7 entremos en su morada, postrémonos ante el estrado de sus pies.  8 Levántate, Señor, ven a tu mansión, ven con el arca de tu poder:  9 que tus sacerdotes se vistan de justicia, que tus fieles vitoreen.  10 Por amor a tu siervo David, no niegues audiencia a tu Ungido.  11 El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.  12 Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono».  13 Porque el Señ...

Salmo 131 (130)

Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor. Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad. Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.  . . . Si la paternidad ha sido tradicionalmente una imagen para describir a Dios, la maternidad no lo es menos. El Dios de Israel, que Jesús nos reveló como “papá”, cercano y bueno, es también maternal. Su amor es comparable a la ternura con que una madre mira a su pequeño, acurrucado en su regazo. Pero aún es mucho mayor. Y así es como el salmo describe la paz. La paz interior, que tantos ansiamos, no se encuentra en las técnicas respiratorias ni ascéticas, ni en hundirse en nuestro abismo interno, ni en apartarse del mundo y buscar el mero silencio exterior. La paz está en dejarse mecer por ese amor tan grande que nos envuelve, como el de una madre. “Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor”. Es a...

Salmo 130 (129)

  Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.   Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz: estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.   Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. . . .  Para muchas personas, religión es sinónimo de sentimiento de culpa . Se acusa al judaísmo y al cristianismo de fomentar un miedo y un desprecio de sí mismo que provoca neurosis y una caída de la autoestima. Decía un padre jesuita que la consciencia del pecado es un don, pero de nada sirve reconocerse pecador si no es en oración, ante Dios. Por un lado, se necesita humildad y claridad interior para admit...

Salmo 129 (128)

Canción de las subidas. ¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud —que lo diga Israel—,  2 cuánta guerra me han hecho desde mi juventud, pero no pudieron conmigo!  3 En mis espaldas metieron el arado y alargaron los surcos.  4 Pero el Señor, que es justo, rompió las coyundas de los malvados.  5 Retrocedan avergonzados los que odian a Sión;  6 sean como la hierba del tejado, que se seca y nadie la siega;  7 que no llena la mano del segador ni la brazada del que agavilla;  8 ni le dicen los que pasan: «Que el Señor te bendiga.  Os bendecimos en el nombre del Señor». . . . ¡Cuánta guerra me han hecho desde joven! Exclamación que responde bien a la vida del rey David, el gran compositor de salmos. Siempre bregando contra numerosos enemigos, pero siempre vencedor. David es agradecido; nunca se atribuye el mérito a sí mismo , sino que lo da a Dios. Por eso, en los peores momentos de su vida, no se hundió ni se dejó abatir por el desánimo...