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Salmo 40 (39)

Salmo de David Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: “Aquí estoy”, como está escrito en mi libro, “para hacer tu voluntad”. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en mis entrañas.  He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios. Señor, tú lo sabes. . . . Este salmo expresa con maravillosa exactitud la vivencia mística de alguien que se ha sentido amado y llamado por Dios. Los versos nos relatan una progresión, que no es otra que el camino de todo hombre, de toda mujer, que tiene hambre de infinito y de plenitud. «Yo esperaba con ansia…» El hombre es un buscador . Su hambre se convierte en grito, y ese grito de anhelo es el primer canto a Dios. Quererlo es ya creer e...

Salmo 39 (38)

Salmo de David Yo me dije: «Vigilaré mi proceder, para no pecar con mi lengua; pondré una mordaza a mi boca mientras el impío esté presente». Guardé silencio resignado, enmudecí sin provecho; pero mi herida empeoró.   Y el corazón me ardía por dentro; pensándolo me requemaba, hasta que solté la lengua:   «Señor, dame a conocer mi fin y cuál es la medida de mis años, para que comprenda lo caduco que soy».   Me concediste un palmo de vida, mis días son nada ante ti;  el hombre no dura más que un soplo. El hombre pasa como una sombra, por un soplo se afana, atesora sin saber para quién.   Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? Tú eres mi confianza. Líbrame de mis inquietudes, no me hagas la burla de los necios.   Enmudezco, no abro la boca,  porque eres tú quien lo ha hecho.   Aparta de mí tus golpes, que el ímpetu de tu mano me acaba.   Escarmientas al hombre castigando su culpa; como una polilla roes sus tesoros; el hombre no es m...

Salmo 38 (37)

Salmo de David. En memoria . Señor, no me corrijas con ira, no me castigues con cólera.   Tus flechas se me han clavado, tu mano pesa sobre mí.  No hay parte ilesa en mi carne a causa de tu furor; no tienen descanso mis huesos a causa de mis pecados. Mis culpas sobrepasan mi cabeza,  son un peso superior a mis fuerzas.  Tengo las espaldas ardiendo, no hay parte ilesa en mi carne;   estoy agotado, deshecho del todo;  rujo con más fuerza que un león.   Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,  no se te ocultan mis gemidos;   siento palpitar mi corazón,  me abandonan las fuerzas y me falta la luz de los ojos.   Mis amigos y compañeros se alejan de mí, mis parientes se quedan a distancia;   me tienden lazos los que atentan contra mí, los que desean mi daño me amenazan de muerte, todo el día murmuran traiciones. Pero yo, como un sordo, no oigo; como un mudo, no abro la boca;   soy como uno que no oye y no ...

Salmo 37 (36)

De David Álef No te exasperes por los malvados, no envidies a los que obran el mal:   se secarán pronto, como la hierba,  como el césped verde se agostarán. Bet Confía en el Señor y haz el bien: habitarás tu tierra y reposarás en ella en fidelidad;   sea el Señor tu delicia,  y él te dará lo que pide tu corazón.   Guímel Encomienda tu camino al Señor, confía y actuará:   hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía.   Dálet Descansa en el Señor y espera en él, no te exasperes por el hombre que triunfa empleando la intriga:   He cohíbe la ira, reprime el coraje; no te exasperes, no sea que obres mal;   porque los que obran mal son excluidos, pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.   Vau Aguarda un momento: desapareció el malvado, fíjate en su sitio: ya no está;   en cambio, los sufridos poseen la tierra y disfrutan de paz abundante . Zain El malvado intriga contra el justo, r...

Salmo 36 (35)

Del siervo del Señor, David El malvado escucha en su interior un oráculo de pecado: no tiene temor de Dios, ni siquiera en su presencia. Porque se hace la ilusión de que su culpa no será descubierta ni aborrecida. Las palabras de su boca son maldad y traición, renuncia a ser sensato y a obrar bien; acostado medita el crimen, se obstina en el mal camino, no rechaza la maldad. Señor, tu misericordia llega al cielo,  tu fidelidad hasta las nubes; tu justicia es como las altas cordilleras, tus juicios con como el océanos inmenso. Tú socorres a hombres y animales, ¡qué preciosa es tu misericordia, oh Dios! Los humanos se acogen a la sombra de tus alas; se nutren de lo sabroso de tu casa; les das a beber del torrente de tus delicias , porque en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz. Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón. Han fracasado los malhechores; derribados, no se pueden levantar. . . . Vivimos en un mund...

Salmo 35 (34)

De David Pelea, Señor, contra los que me atacan, empuña el escudo y la adarga, levántate y ven en mi auxilio; di a mi alma: Yo soy tu salvación. Sean confundidos y avergonzados los que atentan contra mi vida; retrocedan y sean humillados quienes traman mi derrota; sean como tamo al viento acosados por el ángel del Señor. Pues sin motivo me escondían redes, sin motivo me abrían zanjas mortales. ¡Que les sorprenda el desastre imprevisto, que se enreden en la red que escondieron, y caigan dentro de la fosa! Yo me alegraré con el Señor, gozando de su salvación.  Todo mi ser proclamará: Señor, ¿quién como tú , que defiendes al débil del poderoso, al pobre y al humilde del explotador? Señor, tú lo has visto, no te calles; Señor, no te quedes a distancia; despierta, levántate, Dios mío; Dios mío, defiende mi causa. Júzgame según tu justicia, Señor, Dios mío, y no se reirán de mí. No pensarán: ¡Qué bien, lo que queríamos! Ni dirán: ¡Lo hemos devorado! Grande es el Señor, que de...

Salmo 34 (33)

De David Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloria en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor , dichoso el que se acoge a él. Todos sus santos, temed al Señor , porque nada les falta a los que le temen; los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada. Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor; ¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella. El Señor se enfrenta a los malhechores para borrar de la tierra su memoria. Cu...