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Salmo 73 (72)

Salmo de Asaf. ¡Qué bueno es Dios para el justo, Dios para los limpios de corazón!   Pero yo por poco doy un mal paso,  casi resbalaron mis pisadas:   porque envidiaba a los perversos, viendo prosperar a los malvados.   Para ellos no hay sinsabores, están sanos y orondos;  no pasan las fatigas humanas, ni sufren como los demás.  Por eso su collar es el orgullo, y los cubre un vestido de violencia;   de las carnes les rezuma la maldad,  el corazón les rebosa de malas ideas.   Insultan y hablan mal, y desde lo alto amenazan con la opresión.   Su boca se atreve con el cielo.  Y su lengua recorre la tierra.   Por eso se sientan en lo alto y las aguas no los alcanzan.   Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber, se va a enterar el Altísimo?».   Así son los malvados: siempre seguros, acumulan riquezas.   Y dije: ¿para qué he limpiado yo mi corazón y he lavado en la inocencia mis manos?   ¿Para qué aguanto y...

Salmo 72 (71)

De Salomón . Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes,   para que rija a tu pueblo con justicia,  a tus humildes con rectitud.   Que los montes traigan paz, y los collados justicia;  defienda a los humildes del pueblo,  socorra a los hijos del pobre y quebrante al explotador.   Dure tanto como el sol, como la luna, de edad en edad.   Baje como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra.   En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna;   domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.   En su presencia se inclinen las tribus del desierto; sus enemigos muerdan el polvo;   los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Los reyes de Saba y de Arabia  le ofrezcan sus dones;   póstrense ante él todos los reyes,  y sírvanle todos los pueblos.   Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector;   él se apiadará d...

Salmo 71 (70)

A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre.  Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,  inclina a mí tu oído y sálvame.   Sé tú mi roca de refugio,  el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú. Dios mío, líbrame de la mano perversa,  del puño criminal y violento.   Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti,  en el seno tú me sostenías, siempre he confiado en ti. Muchos me miraban como a un milagro, porque tú eres mi fuerte refugio.   L lena estaba mi boca de tu alabanza  y de tu gloria todo el día.   No me rechaces ahora en la vejez;  me van faltando las fuerzas, no me abandones.   Porque mis enemigos hablan de mí, los que acechan mi vida celebran consejo;   dicen: «Dios lo ha abandonado;  perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende».   Dios mío, no te quedes a distancia;  Dios mío, v...

Salmo 70 (69)

Al Director. De David . En conmemoración.   Dios mío, ven en mi auxilio;  Señor, date prisa en socorrerme.   Sufran una derrota ignominiosa los que me persiguen a muerte;  vuelvan la espalda afrentados los que traman mi daño.   Retírense avergonzados los que se ríen de mí.  A légrense y gocen contigo todos los que te buscan;  y digan siempre: «Dios es grande», los que desean tu salvación. Yo soy pobre y desgraciado: oh Dios, socórreme,  que tú eres mi auxilio y mi liberación. ¡Señor, no tardes! . . .  Señor, ¡no tardes! Cuando nos sentimos en aprietos y sabemos que alguien nos quiere hacer daño, cuando el mal nos acosa, tenemos varias opciones: resistir, desesperarnos o atacar. El salmista siempre nos ofrece una vía diferente: confiar en Dios . Pero no es una confianza ciega ni resignada. Nadie confía en alguien que no conoce, o del que no tiene pruebas de que merece confianza. Una oración es una flecha lanzada al cielo: siempre ha...

Salmo 69 (68)

Al Director. Sobre «Los lirios». De David.   Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello:   me estoy hundiendo en un cieno profundo  y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua,  me arrastra la corriente.   Estoy agotado de gritar,  tengo ronca la garganta; se me nublan los ojos de tanto aguardar a mi Dios.   Más que los pelos de mi cabeza  son los que me odian sin razón; numerosos los que me atacan injustamente. ¿Es que voy a devolver lo que no he robado? Dios mío, tú conoces mi ignorancia, no se te ocultan mis delitos.   Que por mi causa no queden defraudados  los que esperan en ti, Señor, Señor del universo.  Que por mi causa no se avergüencen  los que te buscan, Dios de Israel. Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro. Soy un extraño entre mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo y las afrentas con que te afrentan caen sob...

Salmo 68 (67)

Preparaste, oh Dios, casa para los pobres. Los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios rebosando alegría. Cantad a Dios, tocad en su honor, su nombre es el Señor. Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece. Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, aliviaste la tierra extenuada, y tu rebaño habitó en la tierra que tu bondad preparó para los pobres. . . .  Este salmo expresa alto y claro una reivindicación a favor de los pobres y desfavorecidos. Y no es el ser humano, sino el mismo Dios quien se pone de parte de ellos. ¿Dónde está Dios?, preguntan muchos hoy. La respuesta bien podría ser: está con aquellos que sufren. Con la viuda que llora, con el niño huérfano, con los pobres. Está en los campos de refugiados, en las trincheras polvorientas, en los inmensos cenagales de chabolas y miseria que crecen alrededor de las urbes de buena parte del mundo...

Salmo 67 (66)

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. . . . En un mundo hipercomunicado, como este en que vivimos, parece que una de las formas preferidas de diálogo es la crítica , el comadreo y sacar a relucir las miserias y trapos sucios de los demás. En las calles, en las comunidades vecinales y parroquiales, entre amigos, en los platós de televisión, en las redes sociales... en todas partes reinan los murmullos y las acusaciones. El mal-decir se ha convertido en un hábito fuertemente arraigado. Y el salmo de hoy, justamente, nos habla de todo lo contrario. El salmo nos habla del bien-decir: de la alabanza, la bendición....