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Salmo 51 (50)

  Salmo de David.  Cuando el profeta Natán lo visitó, después de haberse unido aquel a Betsabé . Misericordia, Dios mío, por tu bondad,  por tu inmensa compasión borra mi culpa;   lava del todo mi delito, limpia mi pecado.   Pues yo reconozco mi culpa,  tengo siempre presente mi pecado.   Contra ti, contra ti solo pequé,  cometí la maldad en tu presencia. En la sentencia tendrás razón,  en el juicio resultarás inocente.   Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.   Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría.   Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;  lávame: quedaré más blanco que la nieve.   Hazme oír el gozo y la alegría,  que se alegren los huesos quebrantados.   Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.   Oh Dios, crea en mí un corazón puro,  renuévame por dentro con espíritu firme.   No me arrojes lejos de tu rostro, no me quit...

Salmo 50 (49)

Salmo de Asaf El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de oriente a occidente.   Desde Sión, la hermosa,  Dios resplandece:   viene nuestro Dios, y no callará.  Lo precede fuego voraz, lo rodea tempestad violenta.   Desde lo alto convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo:   «Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio». Proclame el cielo su justicia;  Dios en persona va a juzgar. «Escucha, pueblo mío, voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; —yo soy Dios, tu Dios—.  No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí.   Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños.   Pues las fieras de la selva  son mías, y hay miles de bestias en mis montes;  conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos. Si tuviera hambre, no te lo diría; pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de to...

Salmo 49 (48)

Salmo de los hijos de Coré Oíd esto, todas las naciones; escuchadlo,  habitantes del orbe:   plebeyos y nobles, ricos y pobres.  M i boca hablará sabiamente, mi corazón meditará  con prudencia;   prestaré oído al proverbio  y propondré mi problema al son de la cítara.   ¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y acechen los malvados,   que confían en su opulencia y se jactan de sus inmensas riquezas,   si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate?   Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará   para vivir perpetuamente sin bajar a la fosa.   Mirad: los sabios mueren, lo mismo que perecen los ignorantes y necios, y legan sus riquezas a extraños.    El sepulcro es su morada perpetua y su casa de edad en edad, aunque hayan dado nombre a países.   E l hombre no perdura en la opulencia, es semejante a las bestias, que perecen.   Este es el camino de los confiados, ...

salmo 48 (47)

Cántico de los hijos de Coré.   Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios, su monte santo,  altura hermosa, alegría de toda la tierra:   el monte Sión, confín del cielo, ciudad del gran rey; entre sus palacios,   Dios descuella como un alcázar.   Mirad: los reyes se aliaron para atacarla juntos;   pero, al verla, quedaron aterrados y huyeron despavoridos.  Allí los agarró un temblor y dolores como de parto;   como un viento del desierto, que destroza las naves de Tarsis.   Lo que habíamos oído lo hemos visto en la ciudad del Señor del universo, en la ciudad de nuestro Dios:  que Dios la ha fundado para siempre. Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo:   como tu nombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra. Tu diestra está llena de justicia:  el monte Sión se alegra, las ciudades de Judá se gozan  con tus sentencias.   Dad la vuelta en torno a Sión,...

Salmo 47 (46)

Salmo de los hijos de Coré.   Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo;   porque el Señor altísimo es terrible, emperador de toda la tierra.   Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones;   él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado. Dios asciende entre aclamaciones;  el Señor, al son de trompetas:   tocad para Dios, tocad; tocad para nuestro Rey, tocad.   Porque Dios es el rey del mundo: tocad con maestría.   Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.   Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán; porque de Dios son los grandes de la tierra, y él es excelso. . . . El salmo de hoy suele acompañar las lecturas de la Ascensión de Jesús como una sinfonía triunfal y exultante. Es un salmo con tintes épicos, teñido también de gozo. Sus versos desprenden luz y alegría: la exaltación de ánimo de aquel que ve, reconoce y aclama la gran...

Salmo 46 (45)

De los hijos de Coré. Cántico. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,  poderoso defensor en el peligro.   Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,  y los montes se desplomen en el mar.   Que hiervan y bramen sus olas,  que sacudan a los montes con su furia:  el Señor del universo está con nosotros,  nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.   Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora.   Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;  pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.  El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra:   pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,  rompe los arcos, quiebra las lanzas, prende fuego a los escudos.   «Rendíos, reconoced que yo soy Dios:  más al...

Salmo 45 (44)

De los hijos de Coré. Canto de amor. Me brota del corazón un poema bello, recito mis versos a un rey; mi lengua es ágil pluma de escribano. Eres el más bello de los hombres,  en tus labios se derrama la gracia, el Señor te bendice eternamente.   Cíñete al flanco la espada, valiente:  es tu gala y tu orgullo;   cabalga victorioso por la verdad,  la mansedumbre y la justicia, tu diestra te enseñe a realizar proezas.   Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,  se acobardan los enemigos del rey.   Tu trono, oh Dios, permanece para siempre,  cetro de rectitud es tu cetro real;   has amado la justicia y odiado la impiedad: por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros. A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,  desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.   Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir. Escucha, hija...