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Salmo 67 (66)

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. . . . En un mundo hipercomunicado, como este en que vivimos, parece que una de las formas preferidas de diálogo es la crítica , el comadreo y sacar a relucir las miserias y trapos sucios de los demás. En las calles, en las comunidades vecinales y parroquiales, entre amigos, en los platós de televisión, en las redes sociales... en todas partes reinan los murmullos y las acusaciones. El mal-decir se ha convertido en un hábito fuertemente arraigado. Y el salmo de hoy, justamente, nos habla de todo lo contrario. El salmo nos habla del bien-decir: de la alabanza, la bendición....

Salmo 66 (65)

Al director. Cántico. Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre; cantad himnos a su gloria; decid a Dios: ¡Qué temibles son tus obras! Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente. Sus ojos vigilan a los pueblos para que no se subleven los rebeldes.  Pausa .  Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, haced resonar sus alabanzas, porque él nos ha devuelto la vida y no dejó que tropezaran nuestros pies.  Oh, Dios, nos pusiste a prueba, nos empujaste a la trampa, nos echaste a cuestas un fardo: sobre nuestro cuello cabalgaban los mortales; pasamos por fuego y agua, pero nos has dado respiro.  Entraré en tu casa con víctimas y cumpliré mis votos: los que pronunciaron mis labios y prometió mi boca en peli...

Salmo 65 (64)

Al director. Salmo de David. Cántico. Oh, Dios, tú mereces un himno en Sion  y a ti se te cumplen los votos en Jerusalén, porque tú escuchas las súplicas.  A ti acude todo mortal a causa de sus culpas. Nuestros delitos nos abruman, pero tú los perdonas. Dichoso el que tú eliges y acercas para que viva en tus atrios: que nos saciemos de los bienes de tu casa, de los dones sagrados de tu templo. Con portentos de justicia nos respondes, Dios, salvador nuestro; tú, esperanza del confín de la tierra y del océano remoto. Tú que afianzas los montes con tu fuerza, ceñido de poder, tú que reprimes el estruendo del mar, el rumor e las olas y el tumulto de los pueblos.  Los habitantes del extremo del orbe se sobrecogen ante tus signos y las puertas de la aurora y del ocaso las llenas de júbilo. Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales. Riegas los surcos, igualas los terrones,  tu llovizna los ...

Salmo 64 (63)

Al Director. Salmo de David.   Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento, protege mi vida del terrible enemigo;   escóndeme de la conjura de los perversos y del motín de los malhechores. Afilan sus lenguas como espadas y disparan como flechas palabras venenosas,   para herir a escondidas al inocente, para herirlo por sorpresa y sin riesgo.   Se animan al delito, calculan cómo esconder trampas, y dicen: «¿Quién lo descubrirá?».   Inventan maldades y llevan a cabo sus proyectos criminales: su mente y su corazón son un abismo. Pero Dios los acribilla a flechazos, por sorpresa los cubre de heridas;   su misma lengua los lleva a la ruina, y los que los ven menean la cabeza.   Todo el mundo se atemoriza, proclama la obra de Dios y medita sus acciones.   El justo se alegra con el Señor, se refugia en él, y se felicitan los rectos de corazón. . . . En las novelas o en el cine, cuando el héroe sufre toda clase de vicisitudes y ataques de los m...

Salmo 63 (62)

Salmo de David. Cuando estaba en el desierto de Judá. Mi alma está sedienta de ti, Señor Dios mío. Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. En el lecho me acuerdo de ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo. Mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene.  Pero los que intentan quitarme la vida vayan a lo profundo de la tierra; sean pasados a filo de espada, sirvan de pasto a los chacales. Mas el rey se alegrará en Dios, el que jura por él se felicitará cuando tapen la boca a los mentirosos. . . .  Sólo quien ama intensamente y se sabe amado puede pronunciar con sinceridad las pal...

Salmo 62 (61)

Al director. A Yedutún. Salmo de David. Sólo en Dios descansa mi alma,  porque de él viene mi salvación;  sólo él es mi roca y mi salvación; mi alcázar, no vacilaré. ¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre, todos juntos, para derribarlo como a una pared que cede o una tapia ruinosa? Sólo piensan en derribarlo de su altura y se complacen en la mentira: con la boca bendicen, con el corazón maldicen. Descansa sólo en Dios, alma mía, porque él es mi esperanza; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré. De Dios viene mi salvación y mi gloria, él es mi roca firme,  Dios es mi refugio. Pueblo suyo, confiad en él,  desahogad ante él vuestro corazón: Dios es nuestro refugio. Pausa .  Los hijos de Adán no son más que un soplo,  todos los hombres una apariencia:  todos juntos en la balanza subirían más leves que un soplo. No confiéis en la opresión, no pongáis ilusiones en el robo: y aunque crezcan vuestras riquezas, no les deis el co...

Salmo 61 (60)

Al Director. Con instrumentos de cuerda. De David.   Escucha, oh Dios, mi clamor, atiende a mi súplica. Te invoco desde el confín de la tierra con el corazón abatido: llévame a una roca inaccesible.   Porque tú eres mi refugio y mi bastión contra el enemigo.   Habitaré siempre en tu morada, refugiado al amparo de tus alas.   Porque tú, oh Dios, escucharás mis votos y me darás la heredad de los que temen tu nombre.   Añade días a los días del rey, que sus años alcancen varias generaciones;   reine siempre en presencia de Dios: tu gracia y tu lealtad le hagan guardia.   Yo cantaré salmos a tu nombre, e iré cumpliendo mis votos día tras día. . . . Aquí nos encontramos con otro salmo real, que pide protección para el rey, ayuda frente a sus enemigos y largos años de vida. Esta era la triple bendición para todo monarca: protección de Dios ante el enemigo, vida larga y fructífera, descendencia y poder ver a hijos y nietos. Las palabras que D...