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Salmo 80 (79)

Al Director. «Los lirios del testimonio». Salmo de Asaf.   Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un rebaño; tú que te sientas sobre querubines, resplandece   ante Efraín, Benjamín y Manasés; despierta tu poder y ven a salvarnos.   Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.   Señor, Dios del universo, ¿hasta cuándo estarás airado mientras tu pueblo te suplica?   Les diste a comer llanto,  a beber lágrimas a tragos;   nos entregaste  a las contiendas de nuestros vecinos,  nuestros enemigos se burlan de nosotros.   Dios del universo, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.   Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;   le preparaste el terreno, y echó raíces hasta llenar el país;   su sombra cubría las montañas, y sus pámpanos, los cedros altísimos;   extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río.   ¿Por qué has derriba...

Salmo 79 (78)

Salmo de Asaf. Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas.   Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.   Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.   Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean.   ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera?   Derrama tu furor sobre los gentiles que no te reconocen y sobre los reinos que no invocan tu nombre,   porque han devorado a Jacob y han asolado su mansión.   No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.   Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.   ¿Por qué han de decir los gentiles: «D...

Salmo 78 (77)

Poema de Asaf. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; inclina el oído a las palabras de mi boca:   que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado.   L o que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron,   no lo ocultaremos a sus hijos, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su poder,  las maravillas que realizó;   porque él estableció una norma para Jacob, dio una ley a Israel.  Él mandó a nuestros padres que lo enseñaran a sus hijos,   p ara que lo supiera la generación siguiente, los hijos que nacieran después.  Q ue surjan y lo cuenten a sus hijos, para que pongan en Dios su confianza y no olviden las acciones de Dios, sino que guarden sus mandamientos;   para que no imiten a sus padres, generación rebelde y pertinaz; generación de corazón inconstante, de espíritu infiel a Dios.   ... Dio orden a las altas nubes, abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ...

Salmo 77 (76)

Al Director. A Yedutún. Salmo de Asaf.   Alzo mi voz a Dios gritando, alzo mi voz a Dios para que me oiga.   En mi angustia busco a Dios; de noche extiendo las manos sin descanso, y mi alma rehúsa el consuelo.   Cuando me acuerdo de Dios, gimo, y meditando me siento desfallecer. (Pausa)   Sujetas los párpados de mis ojos, y la agitación no me deja hablar.   Repaso los días antiguos, recuerdo los años remotos;   de noche lo pienso en mis adentros, y meditándolo me pregunto:   «¿Es que el Señor nos rechaza para siempre | y ya no volverá a favorecernos?   ¿Se ha agotado ya su misericordia, se ha terminado para siempre su promesa?   ¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad, o la cólera cierra sus entrañas?». (Pausa)   Y me digo: «¡Qué pena la mía! ¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!».   Recuerdo las proezas del Señor; sí, recuerdo tus antiguos portentos,   medito todas tus obras y considero tus hazañas.   Dios...

Salmo 76 (75)

Al Director. Para instrumentos de cuerda.  Salmo de Asaf. Cántico. Dios se manifiesta en Judá, su fama es grande en Israel;   su tabernáculo está en Salén,   su morada en Sión:   allí quebró los relámpagos del arco, el escudo, la espada y la guerra. (Pausa)   Tú eres deslumbrante, magnífico, con montones de botín conquistados.   Fueron despojados los valientes que dormían su sueño,   y a los guerreros no les responden sus brazos.   Con un bramido, oh Dios de Jacob, inmovilizaste carros y caballos.   Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti al ímpetu de tu ira?   Desde el cielo proclamas la sentencia: la tierra teme sobrecogida   cuando Dios se pone en pie para juzgar, para salvar a los humildes de la tierra . (Pausa)   La cólera humana tendrá que alabarte, los que sobrevivan al castigo harán fiesta en tu honor.   Haced votos al Señor y cumplidlos, y traigan los vasallos tributo al Temible:  él deja sin ...

Salmo 75 (74)

Al Director. «No destruyas». Salmo de Asaf. Cántico .   Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, invocando tu nombre, contando tus maravillas.   «Cuando elija la ocasión,   yo juzgaré rectamente.  Aunque tiemble la tierra con sus habitantes, yo he afianzado sus columnas». (Pausa)   Digo a los jactanciosos: «No os jactéis»; a los malvados: «No alcéis la testuz,   no alcéis la testuz contra el cielo»,  no digáis insolencias contra la Roca.   Ni del oriente ni del occidente, ni del desierto ni de los montes,   solo Dios gobierna: a uno humilla, a otro ensalza.   El Señor tiene una copa en la mano,  un vaso lleno de vino drogado: lo da a beber hasta las heces a todos los malvados de la tierra.   Pero yo siempre proclamaré su grandeza, y tañeré para el Dios de Jacob:   derribaré el poder de los malvados, y se alzará el poder del justo. . . . Muchos salmos de Asaf parten de una situación real: el pueblo de Is...

Salmo 74 (73)

Poema de Asaf ¿Por qué, oh Dios, nos rechazas para siempre y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?   Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya, del monte Sión donde pusiste tu morada.   Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; el enemigo ha arrasado del todo el santuario.   Rugían los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus propios estandartes.   Como quien se abre paso entre la espesa arboleda,   todos juntos derribaron sus puertas, las abatieron con hachas y mazas.   Prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre.   Pensaban: «Acabaremos con ellos», e incendiaron los templos de Dios en el país.   Ya no vemos nuestros signos, ni hay profeta: nadie entre nosotros sabe hasta cuándo.   ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos va a afrentar el enemigo?   ¿No cesará de despreciar tu nombre el adversario?   ¿Por q...