Ir al contenido principal

Entradas

Salmo 125 (124)

  1 Canción de las subidas. Los que confían en el Señor son como el monte Sión:  no tiembla, está asentado para siempre.  2 Jerusalén está rodeada de montañas,  y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.  3 No descansará el cetro de los malvados  sobre el lote de los justos, no sea que los justos  extiendan su mano a la maldad.  4 Señor, concede bienes a los buenos, a los sinceros de corazón;  5 y a los que se desvían por sendas tortuosas,  que los rechace el Señor con los malhechores. ¡Paz a Israel! . . . Continuamos peregrinando hacia Jerusalén con una nueva canción de las subidas. Pongámonos en la piel de estos peregrinos judíos hacia su hermosa Ciudad Santa, la meta de sus esfuerzo, el lugar del gozo porque allí se encuentran con su Dios. Los que confían en el Señor son como el monte Sion. La persona que confía en Dios es una roca firme. Esta imagen contrasta con la consciencia que tenemos de nuestra fragilidad....

Salmo 124 (123)

1Canción de las subidas. De David. Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte —que lo diga Israel—,  2 si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres,  3 nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.  4 Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello;  5 nos habrían llegado hasta el cuello las aguas impetuosas.  6 Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes;  7 hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador:   la trampa se rompió, y escapamos.  8 Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra. . . . Seguimos con esta serie de salmos de las subidas, las subidas a Jerusalén. Durante su caminar, los peregrinos recuerdan. La memoria recoge la historia del pueblo , las vicisitudes de sus antepasados, que son también la historia de su vida, de su ahora. Una experiencia de liberación y salvación se puede trasl...

Salmo 123 (122)

Canción de las subidas. A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores. Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia. Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos. . . . Hay una canción tradicional de nuestra liturgia que canta los versos de este salmo, tomando como estribillo el primero: «A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. A ti levanto mis ojos porque espero tu misericordia». Es una canción de súplica, que brota de labios del hombre cansado, abatido, esclavizado . El salmo repite la palabra esclavo , y en él se da un movimiento ascendente. Desde la profundidad del abismo, cuando el hombre ha tocado fondo y ya no puede descender más, entonces es cuando lo único que le q...

Salmo 122 (121)

1Canción de las subidas. De David. ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!  2 Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.  3 Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta.  4 Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor;  5 en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David.  6 Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman,  7 haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios».  8 Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo».  9 Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. . . . Las palabras de este salmo nos resultan muy familiares, pues son un cántico muy conocido que tradicionalmente ha resonado en nuestras iglesias. Es un salmo de alegría y de triunfo, que nos habla de un lugar, Jerusalén, como casa del Señor . Nos habla de justicia y, en el resto del salmo que no se lee, se ...

Salmo 121 (120)

Canción de las subidas. Levanto mis ojos al monte. ¿De dónde me vendrá el auxilio? El auxilio viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas ahora y por siempre. . . . Cuando nos vemos envueltos en dificultades y problemas, cuando nos sentimos angustiados o vemos peligrar nuestra integridad, física o emocional, es cuando, muchas veces, nos acordamos de rezar. Dios siempre está ahí, y es realmente un gran apoyo y consuelo . Qué lástima que lo olvidemos cuando las cosas van bien y, en cambio, nos acordemos de él cuando el miedo y el dolor nos acosan. Entonces creemos necesitarlo más que nunca y, si somos personas de fe, recurrimos a él, como reza el salmo: “levanto mis ojos a los mont...

Salmo 120 (119)

  1 Canción de las subidas. En mi aflicción llamé al Señor, y él me respondió.  2 Líbrame, Señor, de los labios mentirosos, de la lengua traidora.  3 ¿Qué te va a dar o mandarte Dios, lengua traidora? 4 Flechas de arquero, afiladas con ascuas de retama.  5 ¡Ay de mí, desterrado en Masac, acampado en Cadar!  6 Demasiado llevo viviendo con los que odian la paz.  7 Cuando yo digo: «Paz», ellos dicen: «Guerra». . . . Este salmo se cantaba en las peregrinaciones a Jerusalén, por las fiestas. Imaginemos a los peregrinos en marcha, quizás encarando algún tramo cuesta arriba, o quizás una recta amplia desde donde podían divisar, a lo lejos, la Ciudad Santa, encaramada sobre el monte Sion. En mi aflicción llamé al Señor y él me respondió . En nuestro camino por la vida hay tramos difíciles, tenemos batallas que librar y a menudo nos tenemos que enfrentar con la mentira, la calumnia o el malquerer de otros. El salmo también recoge una imprecación: ¿Qué te...

Salmo 119 (118)

1 Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; 2 dichoso el que guardando sus preceptos lo busca de todo corazón; 3 el que, sin cometer iniquidad, anda por sus senderos. 4 Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. 5 Ojalá esté firme mi camino para cumplir tus consignas. 15 Medito tus mandatos y me fijo en tus sendas; 16 tus decretos son mi delicia, no olvidaré tus palabras. 17 Haz bien a tu siervo; viviré y cumpliré tus palabras; ábreme los ojos y contemplaré las maravillas de tu voluntad. 33 Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente. 34 Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. . . .  Es este un salmo larguísimo (sólo reproducimos unos pocos versos de los 176 que tiene en total). En él afloran conceptos que nuestra cultura de hoy tiende a contraponer e incluso a enfrentar: la ley y el corazón; la norma y la libre voluntad; la obediencia y la libertad. ¿Es posible reconciliarlos? ...