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Salmo 127 (126)

  1 Canción de las subidas. De Salomón . Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas.  2 Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, que comáis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!  3 La herencia que da el Señor son los hijos; su salario, el fruto del vientre:  4 son saetas en manos de un guerrero los hijos de la juventud.  5 Dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba: no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza. . . . Qué lección nos da este salmo. Por mucho que trabajemos y nos esforcemos, si el Señor no está con nosotros, actuando por nuestras manos, de nada servirá cuanto hagamos. Alguien podría argumentar: este salmo llama a la pereza y a la credulidad. Como Dios me da el pan, ¿para qué trabajar y afanarme? Hay que entender el texto. No es que los antiguos judíos rechazaran el trabajo y e...

Salmo 126 (125)

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,  nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas,  la lengua de cantares. Hasta los gentiles decían:  «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Que el Señor cambie nuestra suerte,  como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Al ir, iba llorando, llevando la semilla;  al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. . . . Hoy nos encontramos con un salmo exultante, gozoso, agradecido. Es el cántico del pueblo —de la persona— que se siente amado por Dios y ve cómo Él ha intervenido en su vida. Las imágenes del salmo son hermosas. Los torrentes del Negueb, como todo arroyo que corre por el desierto, pueden pasar meses de sequía, con sus cauces arenosos y estériles. Y, cuando llegan las lluvias, en cambio, bajan caudalosos. Dios es la lluvia que transforma nuestras vidas. Otra imagen del salmo nos recuerda ...

Salmo 125 (124)

  1 Canción de las subidas. Los que confían en el Señor son como el monte Sión:  no tiembla, está asentado para siempre.  2 Jerusalén está rodeada de montañas,  y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.  3 No descansará el cetro de los malvados  sobre el lote de los justos, no sea que los justos  extiendan su mano a la maldad.  4 Señor, concede bienes a los buenos, a los sinceros de corazón;  5 y a los que se desvían por sendas tortuosas,  que los rechace el Señor con los malhechores. ¡Paz a Israel! . . . Continuamos peregrinando hacia Jerusalén con una nueva canción de las subidas. Pongámonos en la piel de estos peregrinos judíos hacia su hermosa Ciudad Santa, la meta de sus esfuerzo, el lugar del gozo porque allí se encuentran con su Dios. Los que confían en el Señor son como el monte Sion. La persona que confía en Dios es una roca firme. Esta imagen contrasta con la consciencia que tenemos de nuestra fragilidad....

Salmo 124 (123)

1Canción de las subidas. De David. Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte —que lo diga Israel—,  2 si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres,  3 nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.  4 Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello;  5 nos habrían llegado hasta el cuello las aguas impetuosas.  6 Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes;  7 hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador:   la trampa se rompió, y escapamos.  8 Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra. . . . Seguimos con esta serie de salmos de las subidas, las subidas a Jerusalén. Durante su caminar, los peregrinos recuerdan. La memoria recoge la historia del pueblo , las vicisitudes de sus antepasados, que son también la historia de su vida, de su ahora. Una experiencia de liberación y salvación se puede trasl...

Salmo 123 (122)

Canción de las subidas. A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores. Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia. Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos. . . . Hay una canción tradicional de nuestra liturgia que canta los versos de este salmo, tomando como estribillo el primero: «A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. A ti levanto mis ojos porque espero tu misericordia». Es una canción de súplica, que brota de labios del hombre cansado, abatido, esclavizado . El salmo repite la palabra esclavo , y en él se da un movimiento ascendente. Desde la profundidad del abismo, cuando el hombre ha tocado fondo y ya no puede descender más, entonces es cuando lo único que le q...

Salmo 122 (121)

1Canción de las subidas. De David. ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!  2 Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.  3 Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta.  4 Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor;  5 en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David.  6 Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman,  7 haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios».  8 Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo».  9 Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. . . . Las palabras de este salmo nos resultan muy familiares, pues son un cántico muy conocido que tradicionalmente ha resonado en nuestras iglesias. Es un salmo de alegría y de triunfo, que nos habla de un lugar, Jerusalén, como casa del Señor . Nos habla de justicia y, en el resto del salmo que no se lee, se ...

Salmo 121 (120)

Canción de las subidas. Levanto mis ojos al monte. ¿De dónde me vendrá el auxilio? El auxilio viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas ahora y por siempre. . . . Cuando nos vemos envueltos en dificultades y problemas, cuando nos sentimos angustiados o vemos peligrar nuestra integridad, física o emocional, es cuando, muchas veces, nos acordamos de rezar. Dios siempre está ahí, y es realmente un gran apoyo y consuelo . Qué lástima que lo olvidemos cuando las cosas van bien y, en cambio, nos acordemos de él cuando el miedo y el dolor nos acosan. Entonces creemos necesitarlo más que nunca y, si somos personas de fe, recurrimos a él, como reza el salmo: “levanto mis ojos a los mont...